#032 ETA y el relato

Fotografía del Santuario de San Juan de Gaztelugatxe, en la costa de Bizkaia

ETA presenta en positivo su derrota ante los medios de comunicación

Entre el viernes y el sábado 7 y 8 de abril de 2016, la organización terrorista ETA, que pretendía la independencia de Euskal Herria desde el año 1958, ha representado públicamente ante los medios de comunicación, la entrega de sus últimas armas. Hoy os pido permiso para entrar en vuestros auriculares y altavoces y salir de ellos con un mensaje serio de justicia y esperanza. Una historia de mi País, en buena medida personalisíma. Una historia contada desde muchos ángulos. También desde el ángulo que voy a usar yo hoy, el personal, el de alguien que lo ha vivido con cierta cercanía. Es un programa un poco distinto, y te pido que te quedes conmigo. Necesito que lo escuches. Necesito contártelo.

Objetivos políticos de ETA

Veréis, ETA, acrónimo de Euskadi Ta Askatasuna (Euskadi y Libertad), surgió como movimiento político que enseguida practicó lo que ha ido denominando “Lucha armada” y no era más que terrorismo. El deseo político de ETA era la creación de una república socialista, de corte leninista, lógicamente con estado propio, cuyas fronteras debían extenderse por el territorio de Euskal Herria, es decir, la tierra en donde se habla el euskera, la lengua vasca. Esto es, un territorio entre el río Adour, en el extremo norte de la ciudad de Baiona en territorio de la República Francesa, y por el sur la frontera sería con España en la ribera de otro río: el río Ebro. Esa Euskadi soñada por ETA en su locura violenta, estaría formada por La comunidad autónoma de Euskadi y la Comunidad Foral de Navarra (dos de las 17 comunidades autónomas de España, las que disponen de mayor nivel de autonomía, porque ambas tienen regulaciones fiscales propias). Además también estaría toda la región del sur de Francia al sur del Departamento de Las Landas. Entre el mar Cantábrico y los Pirineos Atlánticos. En Euskal Herria existe un movimiento político favorable a la independencia. Una parte de ese movimiento ha apoyado o consentido a ETA. Otra parte no.

Los inicios de ETA

A partir de finales del siglo XX, ETA comenzó a asesinar a políticos de los partidos no nacionalistas o independentistas, algo poco habitual con anterioridad, en donde sus víctimas eran más habitualmente miembros de las fuerzas de seguridad españolas o del ejercito. En todo caso y aunque ETA también calificaba de Estado opresor a Francia y reclamaba parte del territorio de su república vasca en territorio francés, históricamente no atentaba en territorio al norte de los Pirineos. El inicio simbólico de esos atentados contra políticos fue el secuestro y asesinato anunciado del joven concejal del conservador Partido Popular en la localidad de Ermua, en Bizkaia. Aquel asesinato en 1997 fue todo un shock en la sociedad vasca, con proyección en todos los medios de comunicación mundiales. El secuestro se produjo un miércoles y ETA estableció un plazo de 3 días en los que asesinaría al concejal del PP si el presidente del gobierno español José María Aznar, del mismo partido, no trasladaba a cárceles de Euskadi o cercanas a los presos de la banda, dispersos por toda la geografía española, como castigo adicional a su pena. Un castigo al que se sometía especialmente a los presos más firmes o radicales de la banda que no se arrepentían ni solicitaban perdón a sus víctimas.

Un secuestro que fue el comienzo del fin, hace ya 20 años

Aquél secuestro, que movilizó a la sociedad vasca y española en su conjunto, por su crueldad y su premeditación es calificado por muchos analistas como el comienzo del fin de ETA. En aquella época la organización había optado por la estrategia de la “socialización del dolor”, como la denominaban. Los asesinatos de guardias civiles (una policía militarizada que el mundo de ETA señalaba especialmente) y de miembros del ejército o de la policía nacional, no causaban un impacto tan profundo como ETA esperaba. La sociedad civil se estremecía con las muertes pero en pocos casos se sentía verdaderamente concernida. Especialmente por la implicación con la dictadura de Franco en el imaginario colectivo de la sociedad, de algunos de estos cuerpos, como el ejército o la Guardia Civil.

Al dar ese salto adelante, ETA empezó a matar personas que eran identificadas por el resto de sus conciudadanos como personas más “normales”, digamos. Perdonadme la crudeza de esta expresión, pero es como se vivía en las calles de Euskadi por muchas personas. Ese proceso de socialización del dolor en realidad pasó a convertirse en el proceso de arrinconamiento de ETA que, cada vez, estaba más lejos de sus aliados políticos o de quienes rechazando su violencia, compartían objetivos políticos. La mayoría social que siempre había estado contra ETA desde la muerte de Franco, pero con cierta pasividad o dejar hacer, empezó a mostrarse más activa en la denuncia de la violencia.

El atentado del terrorismo yihadista del 13 de marzo de 2004 en los trenes de Madrid, con casi 200 muertos terminó de situar a ETA ante la irracionalidad de la muerte. Como si en ETA y sobre todo en el mundo político que lo apoyaba, por vez primera se sintieran concernidos por los asesinatos. La necesidad de negar aquél atentado ante las acusaciones del gobierno Aznar, ha sido reconocido dentro del propio mundo de la Izquierda Abertzale como un elemento nuevo en su mundo que hizo más difícil en adelante la defensa del asesinato con fines políticos.

La importancia del relato

Una buena medida sería una comisión de la verdad, como he dicho, en la que el reconocimiento de crímenes y la petición de perdón ayuden a rebajar condenas. Apelo a cumplir escrupulosamente con la legalidad en las cárceles. Que los asesinos convictos paguen con la privación de libertad, pero puedan hacerlo cerca de los suyos, por más que arrebataron la vida de semejantes que nunca más podrán estar vivos cerca de sus casas, sino en los cementerios.

Ojalá que mi hijo de 13 años, dentro de 20 o 30 no se vea obligado a formar con otros una asociación de recuperación de la memoria histórica. El perdón es necesario. El olvido no. Y aunque la realidad no es unívoca, sino plural, la verdad es solo una.

No todos entendieron pronto que matar es malo. Incluso matar a quien mata, como dice en sus campañas la organización Amnistía Internacional. No todos lucharon contra ETA. Quizás dentro de esos 20 o 30 años parezca que nunca nadie dejó de oponerse a ETA. Que nadie miró para otro lado cuando a un concejal socialista de 72 años, que inmigró a Euskadi como trabajador pobre en su juventud desde otra región del Estado, le tuvieron que sacar de su casa con nocturnidad para que no volviera nunca, a riesgo de que ETA llevara a acabo su amenaza de asesinarlo. Que nunca me miraron raro cuando me agachaba en plena calle o en mi garaje cada día para comprobar que una bomba lapa estuviera adosada a los bajos de mi coche.

Ojalá que todos tengamos claro nuestro pasado más reciente. Debo reconocer que crecí en un País precioso, una tierra que os animo a visitar. Un lugar en el que la legalidad demostró que podía vencer al terror. Un sitio en el que se consideran solo españoles, los que se consideran solo vascos y los que tenemos un sentimiento de pertenencia múltiple, complejo, no excluyente, confederal, basado en adhesiones libres antes que en patrias históricas, todos, tenemos cabida y somos capaces de convivir sin arrojarnos nuestras diferencias a la cara. Los que consideramos que Sánchez y Agirregomezkorta son apellidos vascos porque hay vascos que los portamos en nuestros nombres.

Sin duda lo peor ya ha pasado y quienes exigían por la fuerza lo que no ganaban en las urnas ya no matarán más. Ahora es el tiempo de construir. Es el tiempo de mostrarse abiertamente. Es el tiempo en el que deben cesar las conocidas como otras violencias. La violencia de seguir escupiendo sobre las tumbas de los muertos, la violencia de tener que recorrer 2.500 kilómetros en un fin de semana para ver a un familiar preso. Quizás un convicto por asesinato, pero también padre, esposo o hermano de alguien. Quizás mal nacido, pero que es una persona con derechos. La violencia del miedo a poner en un balcón una bandera española en un pueblo del interior de Gipuzkoa o de otras zonas. Un lugar en el que “español” sea un gentilicio y no un insulto y el independentismo sea otra opción política defendida en los parlamentos y ganada, si es el caso, en las urnas.

Coordenadas

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